Zury María Gómez Sipac

Introducción.

Guatemala cuenta con una población aproximada de 17.6 millones de habitantes, de los cuales el 43.75 % son indígenas (UNFPA, 2023). Aunque cada pueblo originario es único, todos comparten un profundo vínculo con la tierra, el territorio, la historia y la vida comunitaria. Esta relación se manifiesta a través de una rica diversidad cultural: el idioma, la indumentaria, la gastronomía, la medicina tradicional, la protección de sitios sagrados, las prácticas espirituales y la transmisión del patrimonio ancestral.

Uno de los elementos más representativos de esta herencia cultural es la indumentaria maya, comúnmente conocida como “traje típico”. Sin embargo, este término resulta reduccionista, ya que tiende a folclorizar la prenda, minimizando su profundo valor simbólico, histórico y artístico. El término más adecuado es indumentaria maya, pues refleja con mayor precisión su naturaleza como expresión identitaria.

La indumentaria maya no es solo vestimenta: es un portador de memoria colectiva, una manifestación espiritual, y un símbolo de pertenencia. Cada comunidad posee patrones, colores y diseños propios que narran historias visuales, transmiten saberes ancestrales y revelan aspectos como la cosmovisión, el origen territorial y el estatus social (Ixlaj, 2021). Esta visión está estrechamente ligada a la necesidad de descolonizar la cultura y reconocer el valor de las formas de vida indígenas. Descolonizar significa destruir la matriz colonialista de poder y sembrar procesos abiertos al diálogo, al reconocimiento y a la dignificación de otros conocimientos, otras identidades y otras formas de vida.

Además, ha sido históricamente una forma de resistencia frente a la opresión, el racismo y la discriminación. Las mujeres, principales portadoras y creadoras de esta tradición textil, han defendido su identidad a través del telar de cintura, bordados a mano,  enfrentando la imposición cultural y la globalización. Elaborar y portar estas prendas es un acto político y cultural que afirma la existencia y autonomía de los pueblos indígenas (AFEDES, 2022).

Generalmente, el aprendizaje textil es transmitido de forma oral y práctica, de abuelas a nietas. Las tejedoras no solo elaboran ropa: entretejen historia, espiritualidad y territorio. La confección de una sola pieza puede llevar entre seis meses y un año, dependiendo de su complejidad, y se realiza manualmente con telar de cintura o telar de pie, empleando técnicas milenarias.

Esta labor, además de ser un legado cultural, es una fuente fundamental de ingresos para miles de mujeres indígenas. Muchas sostienen a sus familias mediante la venta de las indumentarias,  dinamizando economías locales y promoviendo el comercio justo entre comunidades. Esta realidad evidencia la necesidad de construir una economía plurinacional basada en la vida comunitaria territorial, como propone el pacto económico: “La nueva economía guatemalteca debe fundarse en la vida comunitaria territorial y en la comunidad de nuestra interconexión y diversidad. Llamamos a construir una economía plurinacional con tres grandes perspectivas de acción: desmercantilizar, democratizar y descolonizar la economía” (CPO, 2021, p.4).

Sin embargo, este pilar cultural y económico está seriamente amenazado por la industrialización y la apropiación indebida de los diseños. Las copias hechas a máquina, impresas o sublimadas, se venden a precios bajos en comparación con el trabajo manual, lo que devalúa el esfuerzo de las tejedoras y erosiona los conocimientos ancestrales. Esta práctica no solo implica un daño económico, sino también cultural, pues se banaliza una creación que encarna siglos de historia y espiritualidad.

La industria de la moda ha encontrado en los textiles mayas una fuente rentable, pero muchas marcas se apropian de los diseños sin consentimiento, ni reconocimiento, ni beneficio para sus autoras. Este fenómeno de plagio textil constituye una forma contemporánea de despojo cultural.

Frente a esta problemática, el 5 de septiembre de 2022, AFEDES y el movimiento nacional de tejedoras Ruchajixik ri qana’ojbäl presentaron una iniciativa de ley para la protección de los tejidos mayas. La propuesta busca el reconocimiento de los derechos colectivos de propiedad intelectual de los pueblos indígenas sobre sus textiles, símbolos y diseños. Este es un paso urgente hacia la defensa legal de su patrimonio (AFEDES, 2022). Como plantea el Pacto Jurídico del CPO: “El Derecho Indígena debe tener igual potestad que la justicia estatal ordinaria y [se] deben crear normas, políticas y presupuestos que fortalezcan la paridad y coordinación entre estos sistemas” (CPO, 2021, p.6).

Un caso concreto que ilustra esta realidad es el de Lesly María Mendoza Bizarro, joven emprendedora de 27 años del municipio de San Juan La Laguna, Sololá. Lesly, con cierre de pensum en Ciencias Jurídicas y Sociales, lleva cinco años promoviendo la indumentaria maya a través de redes sociales como Facebook, Instagram y TikTok. En 2024, fundó Indumentaria Atitlán, una tienda física y colectiva que comercializa prendas elaboradas en telar de cintura y telar de pie, tanto por su familia como por otras mujeres artesanas de la región. Esta iniciativa genera empleo y fortalece la economía comunitaria (Mendoza, comunicación personal, 3 de abril de 2025).

El 3 de abril de 2025, Lesly descubrió que una tienda en TikTok ofrecía versiones industriales y más económicas de una de sus piezas ceremoniales. Al denunciar el plagio, no recibió respuesta; por el contrario, la administradora de la tienda justificó su acción alegando que las piezas originales son “demasiado caras”. Esta reacción, lejos de reconocer el valor del trabajo artesanal, evidencia la incomprensión y banalización del arte textil indígena.

El caso de Lesly no es aislado. Cada vez son más las tejedoras que sufren el plagio de sus diseños, lo que afecta profundamente tanto su economía como su dignidad cultural. Las llamadas “versiones económicas” constituyen una apropiación injusta de saberes milenarios, una práctica que no puede seguir siendo normalizada.

Conclusión

El plagio de la indumentaria maya exige atención urgente. Guatemala necesita una legislación que reconozca el carácter colectivo del conocimiento indígena y que proteja a quienes lo custodian y reproducen. Como plantea el Consejo del Pueblo Maya, es necesario reconfigurar la visión económica del país hacia una que reconozca la biodiversidad y la organización socioeconómica comunitaria, en lugar de favorecer únicamente la propiedad privada y el mercado individualista.

La indumentaria maya no debe reducirse a una mercancía de exhibición. Es una economía indígena viva, con derecho a autoría, legitimidad y respaldo legal. Requiere un Estado que respete a los pueblos como sujetos históricos y reconozca su papel en la construcción de un desarrollo justo, sostenible y culturalmente pertinente.

Referencias

AFEDES. (2022). Iniciativa de ley para la protección de los tejidos mayas. Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez.

Consejo del Pueblo Maya (CPO). (2021). Cuatro pactos necesarios para la construcción de un Estado Plurinacional en Guatemala: Propuestas para debatir. Serviprensa.

Ixlaj, A. (2021). Tejiendo resistencia: Historia y simbolismo en los textiles mayas. Editorial Ixchel.

UNFPA. (2023). Situación de la población indígena en Guatemala. Fondo de Población de las Naciones Unidas.

Anexo

Vídeo de tik tok en donde Indumentarias Atitlán exhibe el plagio de sus diseños: https://vm.tiktok.com/ZMS5Uq9f6/